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Pues sí. Al final encontré alguien que me los proporcionara y los leí. Menos mal que no llegué a pagar por ellos. A 18 € cada uno me hubiese tirado de los pelos.

Por supuesto, esta es mi humilde opinión. Lo cierto es que con buenas o malas opiniones los editores están consiguiendo justo lo que querían: una fuente descomunal de ingresos. Así que estoy segura que con esta trilogía E. L. James volverá al sitio del que salió aunque en su web (de la que me gusta su aspecto) amenaza con volver.

En la misma web de la autora tenéis, siguiendo la moda actual, una lista con la banda sonora de los libros que incluye un enlace a una lista de reproducción en Youtube. Todo muy fácil. X-)

Y ahora que os tengo atados empezaré con los azotes.😉

A pesar de lo mucho que había oído procuré deshacerme de los prejuicios, lo que no fue difícil teniendo en cuenta que a la gente o le horripilaba o le encantaba.

Lo primero que llama la atención es que la novela se desarrolla en EEUU, cosa bastante extraña cuando se trata de una novela contemporánea escrita por una londinense. ¿Acaso los británicos no tienen billonarios que practiquen el BDSM y que además tengan traumas infantiles? Ojalá nadie tuviera traumas infantiles pero ya sabemos, desgraciadamente, que eso es posible en cualquier parte del mundo.

¿Cual sería su razón entonces? Elemental, queridos amigos. Es una verdad universal que, con mucha probabilidad de éxito, todo lo que toca los Estados Unidos rebota y vuelve a Europa magnificado. Además, debía desarrollarse cerca de la península de Olympic en un burdo intento de hacer pasar esta trilogía por algo inspirado en la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer.

NO LO ES. Aun así ha tenido el descaro de copiar literalmente algunas de las escenas descritas por Meyer. Lo que resta en cuanto a posibles parecidos es que se empeña en colarnos personajes que nos recuerdan, en algún momento, a los de la saga vampírica pero absolutamente vacíos de contenido. A veces puedo imaginar a los personajes pidiendo auxilio: “¡Por favor, no podemos soportarlo más! ¡Que alguien nos saque de aquí!” jajajaja Pobrecillos. X-)

Vale, me he relajado aunque he de reconocer que me cabrea mucho que intenten hacerse con un publico que no les corresponde. Alguien debería recordarles que Crepúsculo está dirigido a adolescentes y que ponerle la coletilla “porno para mamás” no los redime de lo que parece, casi indudablemente, su primera intención.

Y a todo eso se suma una campaña expectacular de marketing, las excepcionales o sanguinarias criticas que ha recibido y algo en lo que sabían que tenían una baza segura: el sexo.

El sexo vende, siempre lo ha hecho y siempre lo hará, independientemente del grado de intensidad en que cada uno quiera vivirlo y a pesar de la máscara de decencia que cada uno quiera ponerse. Dice el refranero español que “tiran más dos tetas que dos carretas” y el refranero nunca se equivoca. Sin embargo, a la gente suele darle vergüenza ir a la librería a comprar literatura erótica, teme la sonrisilla del cajero cuando vas a pagar, o las miradas de los que miran como si fueras un villano malvado o un enfermo. Pero en este caso lo han hecho muy bien. Un titulo fácil de recordar y una portada con clase que puede mostrarse tranquilamente en el autobús, todo ello recubierto de la etiqueta “best seller” lo que da a los tímidos la excusa perfecta: “lo ha leído todo el mundo”. Cincuenta mil veces mejores novelas eróticas hay en la colección “La sonrisa vertical” que Luis García Berlanga y la editora Beatriz de Moura pusieran en marcha en 1977 (una vez muerto Franco, por supuesto) solo que con estas no hay lugar a dudas.

Porque, seamos sinceros, literariamente hablando la obra entera da pena. Me pregunto si en algún momento la autora se molestó en leer su propio trabajo. O en su defecto, si lo hizo el editor, en cuyo caso me ofrezco por menos sueldo con la seguridad de que sabría hacerlo mejor. Estoy dispuesta a volar a Londres mañana. X-) Sin apenas haber empezado el tercer volumen y estoy seriamente preocupada por la salud de Anastasia. Esa sequedad constante en la boca podría deberse a una diabetes. Yo de ella iría al médico.

Os dejo otra opinión al respecto basado solo en la primera página

“The Red Pen of Doom impales FIFTY SHADES OF GREY” (traducción de Google)

La trama en sí es un desastre. Un desordenado montón de acontecimientos con un montón de escenas eróticas en medio. Me pregunto que piensan hacer con el guión cinematografico porque si quitamos las escenas de sexo explicito poco apropiado para exhibir en una sala para el publico general, y que resulta lo único que une toda la trama, no tienen mucho con lo que trabajar. Supongo que tendrán que volver a recurrir a la ingeniería.

En cuanto al tema de BDSM creo, sinceramente, que debería haberse abstenido. Que dos de los personajes que lo practican tengan problemas psiquiátricos y que la otra introduzca al protagonista en la sumisión a los 15 años quizá no de una imagen muy buena. Tengo la impresión de que se limitó a las búsquedas de Google y todos sabemos que no hay que fiarse de todo lo que uno se encuentra Internet.

En fin, diré alguna cosa buena a modo de “aftercare”.

Reconozco que me he reído mucho con los correos electrónicos. En eso la autora ha sido ingeniosa y que las escenas de sexo están bastante bien a pesar de haber un exceso de ellas, aunque entiendo que no es fácil rellenar tres tomos de 700 páginas.

Voy a terminar de leer el tercero y vuelvo. A lo mejor se me ocurre algo mas que añadir lo positivo.

Editado: Adjunto otra reseña, esta vez del London Review of Books “Travelling Southwards”